15/11/09

La construcción deconstruida: Agustín Serisuelo

Agustín Serisuelo vuelve con un proyecto de investigación “De la experiencia plana a la experiencia tridimensional” compuesto por una serie fotográfica y otra escultórica basadas en la representación de un mismo espacio. En este caso en concreto el espacio elegido es su propia casa, bajo el concepto de espacio habitable. Después de finalizar su serie Refugios vacíos, los cuales ejemplifican la sencillez y el concepto básico de casa – un cuadrado y un triánglo-; desarrolla su propio espacio.
Así pues, el tema principal es el espacio, en especial el habitable y cómo éste es diferente y cambiante bajo la luz y la mirada que le otorgue el observador. Puesto que el mismo espacio cerrado puede abrirse o cerrarse provocando en nosotros sensaciones muy diversas. Serisuelo juega con el espacio abriendo un espacio, en un principio cerrado e íntimo, para mostrárselo al espectador desde múltiples perspectivas bajo estructuras de madera. Juega con la bidimensionalidad pictórica y la tridimensionalidad escultórica y arquitectónica. Las enfrenta en un juego de contrarios y las somete a la tensión existente entre los espacios abiertos y cerrados o los interiores y exteriores.
Podría decirse que su trabajo es un proceso en sí mismo, desde principio a fin de deconstrucción y reconstrucción.
Y eso precisamente hace Serisuelo, trabaja con el material, en este caso la madera y la fotografía. Por lo que éste toma una nueva y refrescante presencia en su obra ya que hay una simbiosis perfecta entre el material y la obra en sí. En él se haya el origen de toda construcción matemática, técnica o racional y de toda construcción lineal y precisión, así como también, el comienzo a la deconstrucción.

En la obra de Agustín se aboga por la simplicidad, por la construcción y al mismo tiempo la deconstrucción. Su obra rechaza, de alguna manera, todo vestigio de referencia o ilusión, planteando cada obra como un espacio único y perfecto y una estructura completa dentro de sus límites que contrariamente se abren ante nosotros.
Lo paradójico es la contraposición, o más bien, la tensión que existe entre la construcción y la deconstrucción en sus obras, abriendo así, un fuerte a la diversidad y a la creación.

Nos incita a reflexionar acerca del espacio que nos rodea, y la concepción del mismo como espacio interior abierto a través de su proceso de construcción.
En este caso, la serie escultórica es consecuencia conceptual de la fotográfica, que presenta a modo de collage digital, estando las dos enmarcadas en el mismo proceso creativo. La exposición parte de la experiencia plana hasta reconstruirla en experiencia tridimensional.
El objetivo principal del proyecto de A. Serisuelo, según el propio artista, es la re-apropiación experiencial y procesual del espacio, ya que se trata de un intento de re-definición del espacio íntimo que habita y que está íntimamente ligado a los cambios afectivos que hacen del mismo algo versátil y cambiante, algo alejado de su naturaleza arquitectónica relacionada con el espacio como construcción.

La materia, una nueva presencia

Agustín Serisuelo nos presenta “Cercles viciosos”, podría decirse que su trabajo es un proceso en sí mismo, desde principio a fin: deconstrucción y reconstrucción.

“Mi máquina se construye sobre el principio de utilizar formas vivas y orgánicas. La observación de dichas formas me condujo a la conclusión de que las formas más estéticas son las más económicas. En este respecto, el arte consiste en trabajar con la forma del material”.

Vladimir Tatlin

Y eso precisamente hace Serisuelo, trabaja con el material, en este caso la madera, otorgándole la mayor parte del protagonismo. El material toma una nueva y refrescante presencia en su obra ya que hay una simbiosis perfecta entre el material y la obra en sí.
En el material se haya el origen de toda construcción matemática, técnica o racional y de toda construcción lineal y precisión, así como también, el comienzo a la deconstrucción.

En la obra de Agustín se aboga por la simplicidad, por la construcción. Su obra rechaza, de alguna manera, todo vestigio de referencia o ilusión, planteando cada escultura como una entidad perfecta y una estructura completa dentro de sus propios límites.
La alternancia de los elementos de tensión, curvatura y anclaje, de superficies, de cualidades táctiles y de huellas de uso de relieves nos invitan como diría Lissitzky: “a reorganizar el sentido visual en función del tacto”.
Aunque tampoco podríamos considerar que la propiedad del material sea absoluto. El arco curvado y la elasticidad de la curva vibran con el ritmo de un proceso vital de crecimiento y crean un contrapunto real a la divina línea recta. Su obra más bien realza las energías biodinámicas de los materiales, al igual que sus cualidades estructurales.
Lo paradójico es la contraposición, o más bien, la tensión que existe entre la construcción y la deconstrucción en sus obras, abriendo así, un fuerte a la diversidad y a la creación.

Nos incita a reflexionar acerca del camino a seguir para llegar al conocimiento de uno mismo a través de la forma y su proceso de construcción en este mundo dicotómico.

02/11/09

Lawrence Weiner

L.W: BAJO EL SOL
23 de Octubre 2009 - 28 de Marzo 2010
El arte conceptual adquirió la categoría de movimiento a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Denominado “idea arte” o “información arte”, ya que se basa principalmente en que las ideas o conceptos constituyen la obra en si. El arte conceptual va más allá del body art o fluxus, olvidando y descartando todo vehículo físico, utilizando mensajes orales o escritos para expresar sus ideas, atrás quedan las actividades, los objetos, acciones o documentos que se concebían como un simple medio para presentar su concepto.
El claro precursor del arte conceptual es sin duda, Marcel Duchamp, al cuestionar las reglas del arte, su inclinación hacia el intelecto, el cuerpo y el espectador tanto en la creación como en la recepción del arte, así como por el hecho de elevar la idea por encima de las nociones tradicionales de estilo y belleza. Se podría decir, que el arte conceptual es un tipo de arte donde el material es el lenguaje, es un arte en el que el material es el concepto. Asimismo fue definido por dos de sus primeros exponentes, los estadounidenses Sol Le Wittt y Joseph Kosuth. Le Witt definió este arte como aquel “ creado para captar la mente del espectador más que su mirada o sus emociones”, y declaró que la “idea en sí misma, aun no convertida en visual, es mucho más una obra de arte que cualquier producto acabado”. Para Kosuth, el reto del artista consistía en descubrir y definir la naturaleza y el lenguaje del arte, declaró “la única justificación del arte es el arte. Arte es la definición de arte.” Entre los artistas que estuvieron y están íntimamente ligados a este movimiento destacamos al neoyorquino Lawrence Weiner (n.1940). Muchas obras conceptuales tomaron la forma documental, propuestas escritas, performances, fotografías, instalaciones, planos o fórmulas matemáticas así como películas o vídeos, que podremos disfrutar en la programación especial que el EACC proyectará con motivo de la exposición “Under the sun/ Bajo el sol/ Sota el sol” del 1 al 6 de noviembre, en las que se incluirán cortometrajes y largometrajes desde los años setenta hasta la actualidad. Para Weiner la elaboración de películas al igual que sus libros, posters -que también podremos disfrutar en el Espai didàctic del EACC- o discos, reflejan también su interés por un arte más democrático. Que se expande y llega a una mayor masa gracias a la popularidad de sus medios. Sus filmes están protagonizados por sus amigos , con un carácter intimista, en su largometraje A first quarter, observaremos la influencia del cineasta J.L. Godard, en la estructura adoptando los principios del cine de la Novelle Vague. En A second quarter, filmada en el 75 en Berlín, Weiner explora las barreras y fronteras, mientras que en Passage to the North y Plowmans lunch, filmadas en Amsterdam, exploran lo que sucede cuando los objetos y la gente son movidos o trasladados de un lugar a otro. Plasmando las múltiples posibilidades planteadas por el artista a la hora de realizar una obra.


Al mismo tiempo, dentro del lenguaje que utiliza, no hay que olvidarse del gesto, elemento fundamental y creador del artista. Un gesto que se registra sin moralidad, -como remarcaba el propio artista-, de forma neutra, que nos indica que con un único gesto/movimiento de muñeca podemos matar a un toro o volar una cometa. Lo que no deja de ser paradójico e irónico puesto que el mismo gesto de matar al toro de una estocada se puede convertir, al revés, en el gesto de un niño al alzar una cometa. Remitiendo al movimiento, al giro y a la vuelta, estos gestos crean la idea fundamental de esta exposición Bajo el sol, movido a la fuerza de la sombra, al sol y del sol a la sombra hasta la formación de un círculo de luz y de oscuridad con un simple movimiento de muñeca. Weiner aplica este principio de direccionalidad, desafiando al espectador a producir significado a partir de conceptos en apariencia inconexos, un significado que refleje fielmente la realidad del receptor. Convierte la direccionalidad/no direccionalidad en el asunto de la obra.


Lawrence Weiner dejó la pintura en 1968 y desvió su atención hacia propuestas escritas en libros o directamente en las paredes de las galerías o espacios expositivos, como en el caso que nos ocupa. El título de cada pieza explica cómo se había ideado ésta y cómo podía visualizarse en la imaginación de cada espectador, lo que permite la existencia de múltiples versiones para cada una de sus obras. Como Weiner declaró: “Una vez toman conocimiento de una obra mía, se la apropian. No hay manera de poder meterme en el cerebro de alguien para quitársela”. La preocupación por Weiner por el lengaje era compartida por muchos artistas conceptuales como Kosuth, Barry, Baldessi y los artistas del grupo Art & Language.
Desde el principio de su carrera, Weiner ha trabajado en el estudio, introduciendo materiales y experimentando con sus propiedades. Para evitar las limitaciones y la especificación de exponer objetos, Weiner vuelve al lenguaje como medio para presentar su escultura. Al traducir su trabajo de estudio al lenguaje, Weiner comunica el contenido de cada obra sin especificar ninguna de sus cualidades físicas. Las propiedades del lenguaje unen las aspiraciones de Weiner para su obra: ser accesible, subjetiva, y sobre todo apropiada para un público variado. Motivado por un deseo social de contribuir a una solución, Weiner dice que su obra tiene éxito simplemente si enriquece las vidas de otros seres humanos. Al emplear materiales sencillos tales como agua, piedra…, la obra es potencialmente accesible a cualquiera

Weiner considera que la construcción lingüística puede provocar la misma reacción en el espectador que un objeto convencional ya que la importancia de la idea está por encima de la materialización de la obra. El concepto es la pieza de arte independientemente del soporte utilizado.
En la exposición destaca su deseo de dotar a la obra de movimiento, algo que consigue totalmente a través del lenguaje.

29/09/09

Alejandro Mañas Garcia

Las telas de Mañas son paisajes sin una referencia directa al mundo percibido visualmente, es decir, paisajes del hombre interior. En la muestra titulada “Cuerpo y Paisaje Místico" podremos apreciar como el artista excava en la pintura como si fuera a abrir la corteza de un árbol para descubrir lo que la herida quiere sacar a la luz.

Alejandro crea su propia realidad: paisajes pictóricos cuya tensión formal procede del contraste entre los espacios vacíos y silenciosos y las configuraciones dotadas de forma, entre lo positivo y negativo, entre azar y orden, libertad y control, realidad y ficción. Algunas de sus obras son totalmente enigmáticas, que se escapan de una explicación racional, pero sin embargo parecen aportar el testimonio de existencias vividas en un pasado lejano. Otras nos muestras paisajes primigenios, continentes perdidos arrastrados por el viento.

Estos paisajes místicos, a menudo oscuros, aparentemente monocromos están atravesados por una gama de colores muy significativos, sus cuadros parecen apartados del contexto del tiempo presente. Poseen una extraña serenidad y dignidad desencadenando una reacción positiva ante los enigmas del universo.

Mañas deja que pincelada tras pincelada fluyan sus convicciones y sentimientos sin trabas en una energía en blanco, negro y rojo, compuestas de formas desordenadas.
La tela se presenta ante el artista como un campo sin límites, en la que brotan paisajes desconcertantes mediante trazos cargados de expresividad.
Es como si en lugar de expresar sus impulsos íntimos en el campo de la pintura, ordenara inconscientemente el plano en forma de paisajes expansivos, a menudo vacíos, y formas simples y generosas, que han recibido una estructura desordenada.

Así pues, se establece un dualismo entre el blanco y el negro, solo interrumpido por las salpicaduras en rojo, identificándose con lo positivo y lo negativo, la luz y la oscuridad, la visión o la ofuscación, aprehensión visual o la negación del espacio en el que se produce. Estos dos colores representan a lo largo de la historia del arte la negación del color. Aunque en este caso en concreto, el toque de color en los cuadros lo aporta el rojo. Con todo, el rojo es vida, energía, potencia, poder, amor, calor y fuerza, sin lugar a dudas, el rojo te eleva a un nivel superior de consciencia.
El blanco y el negro, si nos referimos a los espacios de la representación plástica, constituyen uno de los sistemas de representación de la naturaleza en sus relaciones de proximidad y lejanía. Y es por eso que Mañas consigue sumergirnos inconscientemente dentro de sus paisajes hipnóticos, donde abandonamos nuestra consciencia y cedemos el paso al silencio majestuoso, solamente interrumpido por pinceladas de rojo que nos devuelven al aquí y ahora, y nos obligan a afrontar la realidad.

Así es como Alejandro Mañas, en lugar de hacer uso de bulliciosas cataratas de color, reduce su paleta a un nuevo orden, en el que predomina un negro silencioso y resalta un rojo enérgico. Las formas penetran en el plano pictórico desde el interior, tienden a superar los límites y a expandirse. Se combina así, una reflexiva inteligencia con una energía pictórica y una vulnerable sensibilidad.

11/08/09

Alberto Biesok: Árboles que vi en mi memoria

Alberto Biesok (Valencia, 1981) nos adentra en lo más profundo de la naturaleza proponiéndonos una visión de nuestro entorno melancólico, con un cierto aire de misterio que nos acerca a los grandes paisajistas del s.XIX, como el británico William Turner, con un toque personal que no deja de recordarnos a los románticos alemanes como Caspar David Friedrich.
Su obra nos presenta una mirada de entre la hierba o matorrales de los árboles, resaltando la magnitud y la nobleza de estos seres vivos que sufren las inclemencias del tiempo y las más que inoportunas acciones llevadas a cabo por la mano del hombre.
Biesok nos dirige hacia una visión más natural, casi mental y sentimental de los árboles que el visitante absorbe en experiencia.

La muestra destaca por el halo romántico que circunda toda la exposición gracias a una gama cromática oscura y la vez fría que muestra a los árboles escondidos, que aparecen y desaparecen entre los rayos del sol. La atmósfera que predomina es la de atardeceres o amaneceres creando una luz etérea que embellece aún más a nuestros árboles aún cuando se encuentran entre nubarrones negros.
Lo curioso de la muestra es la forma que tiene Biesok de presentarnos a los árboles como sujetos individuales y únicos en busca de su propia verdad, dotándolos de un protagonismo más que merecido como elementos principales del motivo propiamente en sí paradójicamente al tratamiento que hacían los famosos paisajistas británicos del s.XIX -J.Constable y W.Turner-, los cuáles plasmaban grandes tempestades así como paisajes campestres donde los árboles eran tan solo un componente más.

Alberto Biesok nos invita con su obra a meditar, a detenernos un instante, dejando atrás miradas perdidas y fugaces, que sinceramente nos son indiferentes y resultan vacías ante nuestras emociones.
Sus cuadros, sin lugar a dudas, captan y atraen nuestra atención por su gran poder de atracción, por su riqueza, por su misterio y, sobre todo, por el mensaje que parece que intentan transcribirnos los árboles.
Es como si a través de los pigmentos, de la técnica mixta sobre el lienzo que emplea Biesok, los árboles quisieran conectar con nosotros -aún a pesar de estar caídos, o de tener los troncos partidos- transmitiéndonos todo su valor además de su fortaleza y nos acogieran como si de los brazos de una madre que vela por sus hijos se tratase.

Biesok nos muestra en esta exposición de máxima calidad artística a seres vivos que pesar de ser castigados y olvidados por la mayoría de los humanos siguen sustentando a esta humanidad encantada que sucumbe ante los encantos de la globalización.

Biennale di Venezia 09

En la edición de este año, la Biennale lleva por título Fare Mondi, y es que el arte no hace otra cosa que hacer y construir mundo.

Con algunos cambios, unas mejoras y algunas sorpresas, la Bienal no deja indiferente a nadie.
Lo mejor para mi, como siempre, ha sido la libertad y el espacio expositivo, y el poder ver in situ obras de artistas tan variados y experimentados junto a otros artistas noveles.



Mi mayor sorpresa ha sido el pabellón de Austria en los Jardines, con la participación de Elke Krystufek con TABOU TABOO. Así como el de Egipto, con los artistas Almand Askalany y Adel el Siwi, que establecen un dialogo entre dos mundos, creando un microcosmos improvisado contrarrestando con la grandiosidad de los materiales y de las obras. Al igual que Alemania no nos deja indiferentes con un edificio totalmente abierto y desordenado con una serie de hileras de estanterias vacias de madera con un único elemento, un gato disecado que sostiene una hoja de papel entre los dientes. La cuestión aqui es la de siempre: ¿Qué significa? ¿qué se puede hacer aqui? ¿quien habla? ¿que se nos dice?. Quizás, lo único que podemos sacar en claro, es el contexto de funcionalidad del mundo de hoy en día.


Me gustaría destacar que entre los pabellones de España e Israel, ambos han apostado este año principalemente por la pintura, me quedo con las obras de Raffi Lavie ante las de Miquel Barceló.


Lavie es uno de los artistas más destacados e influyentes del panorama artistico de Israel, capaz de crear un lenguaje peculiar y particular, especifico del lugar según sus propias necesidades y deseos.
Por otro lado, U.S.A. ha apostado por el controvertido Bruce Nauman, con una muestra en la que recorre los cuarenta años de carrera del artista.



Para finalizar, recordar que entre todo el complejo expositivo se pueden visitar obras de Michelangelo Pistoletto, Yoko Ono, Héctor Zamora,Gutai, Simone Berti, Jorge Otero-Pailos, Chu Yun, Rosa Barba, Sherrie Levine, etc..

01/08/09

Paula Bonet: Fugacidad reflejada

Esta joven artista que se ha incorporado recientemente al mercado del arte; licenciada en 2002 por la Facultad de Bellas Artes del Politécnico de Valencia, ha participado hasta la fecha, en numerosas exposiciones en España, Italia, Estados Unidos y Chile. Inmersa también en la orbe del diseño, en la cual trabaja y colabora, actualmente, la artista de villareal regenta un taller creativoen Valencia -Oh My Brush-, que convierte en un universo lleno de posibilidades ante nuestros pies.
La pintura de Paula representa principalmente interiores: ambientes cálidos, íntimos, afectivos y sensuales, metáforas de la propia interioridad, en favor de una vida intensa, sanguínea y apasionada; ajena a la contención y a la renuncia que inevitablemente trae consigo el paso del tiempo.
Su obra materializa emociones intensas que rehúsan su propia naturaleza esquiva para fijarse al lienzo. Las sensaciones fugaces traspasan las fronteras y se convierten en emociones narradas, recreando así, su sensibilidad ante el espectador.
Observando la pintura de Paula, habría que destacar, la muestra incesante de fragmentos incompletos, recortes de la realidad, pedazos e instantes borrosos, como si se captasen en movimiento, en plena transformación; en los cuales hay un claro predominio del color rojo –fuego, calor, pasión, etc-.
Con todo, su obra parece enfocarse a los sentidos, es decir, se percibe con la vista, pero entrarían en juego el tacto, el oído, el gusto y hasta el olfato, ya que en la intimidad, usamos todos nuestros cinco sentidos para disfrutar y potenciar al máximo las sensaciones. Su obra recrea el mundo palpable y visible en el que vivimos, encuadrando y recortando el marco que la envuelve.
Paula, limita y busca fragmentos de la realidad que la rodea, es como si renunciara deliberadamente a un todo, para centrarse exclusivamente en los instantes de la vida que le llaman especialmente la atención.
Movida y motivada por la inquietud y la curiosidad, realza el detalle, no solo como selección sino como cercanía, poniéndonos las cosas pintadas casi al alcance de nuestra mano, implicándonos en el proceso y aproximándonos a sus vivencias.
Es cierto que el mundo se mueve, y que las fluyen, cambian y se transforman, sin embargo, a pesar de que en el transcurso de nuestra vida, infinidad de formas nuevas aparecen una y otra vez, uno de los impulsos primordiales de la pintura consiste precisamente, en oponerse a la fugacidad de las cosas, en captar y marcar el momento, la acción y perpetuarlo. Así pues, nos aventuramos a combatir contra la incesante fugacidad, especialmente la de la belleza. A los seres humanos, nos atrae la idea de inmortalizar lo bello. Aunque, una vez más, existen excepciones, ya que Bonet parece plasmar el hecho irremediable de esa fugacidad y de su consiguiente transformación, mediante su imprecisión, el desenfoque, la borrosidad y la indefinición, así como con la multiplicidad. Ya que inevitablemente, todo lo vivo se mueve y se transforma. Para ello, Paula se vale de las exposiciones lentas al utilizar sin flash su cámara digital, recogiendo escenas interiores que no son instantáneas congeladas y precisas, sino momentos de tiempo transcurriendo, acciones en proceso, presentes y continúas. A partir de esas imágenes captadas por su objetivo, pinta cuadros que no traicionan con su esteticismo, el flujo de lo vivo, y por eso actualizan y renuevan una parte importante de la tradición de la pintura y de la historia de la fotografía.

Por último, al ser recorridas por la mirada, las estructuras compositivas estáticas se convierten en ritmos silenciosos, gracias a la repetición de formas, trazos, pinceladas y colores, que marcan rítmicamente nuestro paseo por la superficie del cuadro. Así pues, pintar un cuadro es una tarea que concierne a todo el cuerpo y por consiguiente, a sus cinco sentidos.
La pasión que mueve la vida se abre paso entre cada uno de los visitantes mediante el movimiento, el color y la energía que desprende Paula con cada pincelada.